
Aquel que cree que el enemigo desaparecerá si cierra los ojos, está loco.
En el desierto, el avestruz piensa de la misma manera. Entierra su cabeza en la arena y cree que, puesto que no puede ver al enemigo, el enemigo no está allí.
Este tipo de lógica es perdonable en el caso de un avestruz, pero en el caso del hombre, resulta imperdonable.
El hombre no se ha comportado mejor que un avestruz en el caso del sexo.
Cree que el sexo se desvanecerá si lo ignora, si cierra sus ojos.
Si milagros como ésos ocurrieran, la vida sería fácil, sería muy fácil vivir en el mundo. Sin embargo, desgraciadamente, nada desaparece con sólo cerrar los postigos.
Al contrario: ésta es una prueba de que le tememos, de que su atracción es más poderosa de lo que podemos resistir.
Cerramos nuestros ojos porque nos damos cuenta de que no podemos reprimirlo. Cerrar los ojos es señal de debilidad, y la humanidad entera es la culpable.
El hombre no sólo ha cerrado abiertamente los ojos frente al sexo, sino que además, con ello se ha involucrado en una cantidad de conflictos internos.
Las devastadoras consecuencias de esto son demasiado bien conocidas como para enumerarlas.
El noventa y ocho por ciento de los enfermos mentales -los neuróticos- lo están debido a la represión del sexo.
La causa del noventa y nueve por ciento de las histerias y enfermedades similares que sufre la mujer, son desórdenes sexuales.
La causa principal del miedo, la duda y la ansiedad -la tensión del hombre contemporáneo- es la presión de la pasión, la lujuria.
El hombre le ha dado la espalda a una marejada intrínsecamente poderosa.
Sin intentar comprenderla, nuestros ojos están cerrados debido al miedo, y las consecuencias de esto han sido demoledoras.
Para comprender esto, el hombre debiera revisar su literatura, el espejo de su mente. Si un hombre de la Luna o Marte viniera aquí y revisara nuestra literatura, leyera nuestros libros y poesía, viera nuestras pinturas... se sorprendería.
Se preguntaría por qué todas nuestras artes y literatura giran sólo en torno al sexo.
¿Por qué todas las poesías, novelas, revistas e historias del hombre se hallan saturadas de sexo?
¿Por qué hay una fotografía de una mujer semidesnuda en todas las revistas?
¿Cómo es que todas las películas hechas por el hombre están hiladas en tomo a la lujuria y la pasión?
Estaría perplejo.
¡Este visitante extraterrestre se preguntaría por qué el hombre sólo piensa en sexo!.
Se vería doblemente confundido si se encuentra con un hombre y habla con él, pues éste se esforzará mucho por darle la impresión de que no tiene nada que ver con la existencia del sexo.
Osho
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